En la Edad Media,
Brujas era una de las ciudades más prósperas de Europa. Hacia 1500 la ciudad entró en declive y cayó en el olvido durante cuatro siglos, hasta que a finales del siglo XIX comenzó su restauración. Es una de las ciudades más hermosas de Europa y por ello suele estar plagada de turistas.
La plaza mayor conserva aún su aspecto original, flanqueda por casas gremiales con hastiales escalonados.
En la plaza se alza el
Belfort, una impresionante torre desde la que se disfruta de una soberbia vista de la ciudad.
Muy cerca de la plaza mayor hay otra encantadora plaza, el
Burg en la que encontramos el
Stadhuis o Ayuntamiento de la ciudad, en el que se aprecia la pujanza de Brujas en el siglo XV, está realizado en estilo gótico flamígero.
Detras del
Burg se encuentra el canal
Groenerei, el canal verde, uno de los más pintorescos de la ciudad. La ciudad de
Brujas toma su nombre de los puentes (
Brug en flamenco) que cruzan sus canales.
A cada paso encontramos edificios que parecen sacados de un cuento.
Otro de los edificios notables es el
Begijnhof, las comunidades de beguinas son propias de los Países Bajos, se fundaron en el siglo XIII como hospicios para mujeres solteras y viudas. A pesar de ser una institución piadosa no es un convento, puesto que las beguinas pueden abandonarlo para casarse. Todavía en la actualidad son casas de acogida. Alrededor del parque se alzan los edificios encalados de los siglos XVII y XVIII de la comunidad de beguinas de
Brujas.
Cerca del
Begijnhof se encuentra el
Minnewater, un romántico lago que debe su existencia a la esclusa del rio
Reie, un activo puerto medieval.