Volver a Praga es como volver a encontrarse con un viejo conocido. Pasear por esas calles llenas de historia y disfrutar de la belleza de los edificios tiene un encanto que no es fácil explicar con palabras. Hay que vivirlo.
Desde 1992 he ido a Praga con mucha frecuencia, no volvía a la ciudad desde 2001 y todo ha cambiado mucho. Desde la caída del bloque comunista los cambios en la República Checa han sido tremendos. Quizás demasiados cambios, sobre todo para la gente mayor, que mira a su alrededor sin saber muy bien qué ha pasado y cómo se ha llegado hasta esta situación. La globalización tiene ventajas innegables, pero por ella se paga un precio a veces excesivo. Todas las ciudades empiezan a parecerse demasiado y poco a poco pierden su encanto intrínseco, su verdadera idiosincrasia.
Praga es una ciudad mágica, merece la pena madrugar para ver el amanecer desde el
Puente de Carlos, con la bruma subiendo desde el río
Moldava y con las centenarias torres de la Ciudad Vieja perfilándose en el horizonte.
Madrugar es la única forma de disfrutar de Praga sin estar rodeado por hordas de turistas. Las vistas desde el puente son como de cuento, a un lado
Malá Strana con las cúpulas de la hermosa iglesia de
San Nicolás y al fondo
Hradcany con el castillo de Praga y la
Catedral de San Vito; al otro lado la
Ciudad Vieja.
Al castillo se sube por la calle
Nerudová, en ella muchas casas tienen vistosas decoraciones en los dinteles que dan nombre al edificio. En la fotografía siguiente se puede ver entre ellos el llamado
"De los dos soles", que da nombre a la casa en la que nació el conocido escritor checo
Jan Neruda autor de los
Cuentos de la Malá Strana y en quien el escritor chileno
Pablo Neruda se inspiró para crear su seudónimo.
El castillo de Praga está dominado por la
Catedral de San Vito, una ecléctica construcción que alberga diversos estilos y en la que se encuentran enterrados los reyes de Bohemia. Desde el castillo hay una bonita vista de la ciudad y algunos rincones pintorescos como la
Callejuela Dorada, en una de cuyas miserables casuchas vivió
Franz Kafka el escritor preguense más conocido en el mundo que, sin embargo, nunca escribió en checo.
Fuera de la zona amurallada se encuentra el
Loreto de Praga, que alberga una réplica de la casa natal de la Virgen María.
Al otro lado del río se encuentra la ciudad vieja, dominada por la imponente
Plaza del Ayuntamiento Viejo. En ella destacan las afiladas torres de la
Iglesia del Týn, donde se encuentra enterrado el astrónomo danés
Tycho Brahe quien trabajó en Praga al servicio del rey
Rodolfo II.
Saliendo de la plaza del Ayuntamiento por la calle
Celetná se llega a la
Torre de la Pólvora, una vistosa construcción gótica que sirvió para almacenar munición y que contrasta con el estilo modernista de muchas de las casas de los alrededores.
Lo mejor que se puede hacer después de tanto caminar es beber una buena cerveza checa en alguna de las numerosas cervecerías de la ciudad. Hay muchas marcas donde elegir, una de mis favoritas es
Krusovice, la publicidad dice que es el tesoro de las cervezas checas y para mi gusto es una de las mejores, posiblemente junto con
Budejovicky Budvar. Para acompañar la cerveza nada mejor que un plato de gulash, de queso frito o de carne de cerdo con chucrut y
knedliky una especialidad local hecha con harina para acompañar a la carne.